La prensa oficial china destaca como un hecho extraordinario la presencia de los líderes de las principales potencias; la tregua en Irán, los acuerdos comerciales y el futuro de Taiwán centran la agenda de Xi Jinping
El Gobierno de Pekín se ha consolidarizado en el eje central de las decisiones políticas internacionales. La inminente llegada a territorio chino del presidente ruso, Vladímir Putin, programada para esta semana y planificada justo siete días después del viaje oficial del mandatario estadounidense, Donald Trump, ha llevado a los principales medios estatales de la nación asiática a proclamar a Pekín como el nuevo “epicentro de la diplomacia mundial”.

EFE/ Portavoz del Ministerio de Exteriores de China vía X
A través de un editorial publicado este lunes, el diario oficialista Global Times calificó de “extraordinariamente inusual” el hecho de que un solo país logre albergar de forma sucesiva las visitas de los máximos dirigentes de Rusia y los Estados Unidos en la era posterior a la Guerra Fría. El rotativo enfatizó que estos encuentros bilaterales de alto nivel complementan una intensa agenda de recepciones multilaterales que, en los últimos meses, incluyó las visitas de jefes de Estado y de Gobierno de potencias como Francia, el Reino Unido, España, Irlanda, Canadá y Corea del Sur.
Al respecto, el académico y profesor de la Universidad de Asuntos Exteriores de China, Li Haidong, analizó que la confluencia en Pekín de los líderes pertenecientes a los países con asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) representa “un reconocimiento colectivo del peso global de China”. El experto puntualizó de forma concluyente que “ninguna agenda internacional de envergadura puede avanzar sin Pekín”, haciendo referencia a la influencia china en materias críticas como la reactivación económica global, las políticas de gobernanza climática, los pactos de no proliferación nuclear y las estrategias de seguridad regional.
Resultados de la cumbre con Trump y llegada de Putin
El paso de dos días de Donald Trump por la capital china la semana pasada rindió frutos concretos que sobrepasaron la mera sintonía protocolar con su homólogo, Xi Jinping, con quien recorrió el emblemático Templo del Cielo. El encuentro formal derivó en la suscripción de importantes convenios de carácter comercial, un moderado acercamiento de posiciones políticas con respecto a la evolución de la guerra en Irán y una sorpresiva declaración de Trump en torno al estatus geopolítico de Taiwán, demarcación sobre la cual el presidente estadounidense aseveró textualmente que no se encuentra dispuesto a “librar una guerra” contra el Estado chino.
Por su parte, el arribo de Vladímir Putin se produce en un marco conmemorativo de alto valor simbólico, al coincidir de forma exacta con el 25.º aniversario de la firma del Tratado de Buena Vecindad entre Pekín y Moscú. Voceros oficiales del Kremlin manifestaron que las relaciones diplomáticas bilaterales entre ambos gigantes euroasiáticos atraviesan “su mejor momento histórico”, respaldadas por debates de rigurosa actualidad internacional y por un intercambio en la balanza comercial conjunta que ya rebasa los 200,000 millones de dólares anuales.
La dimensión humana de la diplomacia
El análisis de los medios oficiales chinos ponderó de igual forma el impacto de la “dimensión humana” de estos intercambios, describiéndolos como plataformas de proyección que permiten a la opinión pública occidental reevaluar la imagen internacional de China. En ese sentido, el informe recordó gestos de distensión captados por la prensa internacional en meses precedentes, tales como las jornadas de carrera del mandatario francés Emmanuel Macron en la ciudad de de Chengdu, o las caminatas recreativas del primer ministro británico, Keir Starmer, por los jardines históricos de Shanghái.




