MOSCÚ. 5 de febrero del 2026. – En un momento de extrema relevancia para la seguridad global, los presidentes Vladímir Putin y Xi Jinping mantuvieron una videoconferencia estratégica justo antes del vencimiento oficial del START III (o Nuevo START), el último tratado de desarme nuclear vigente entre Rusia y Estados Unidos. Durante el encuentro, Putin calificó la cooperación entre Moscú y Pekín como un “importante factor estabilizador” frente a las actuales “turbulencias mundiales”.
El tratado, que limitaba los arsenales de las dos mayores potencias atómicas del mundo, expira este jueves sin que la administración de Donald Trump haya respondido a la propuesta rusa de prorrogarlo voluntariamente por un año. Este vacío normativo pone fin a más de medio siglo de acuerdos de control de armas, dejando a las potencias sin topes legales en sus despliegues nucleares por primera vez en décadas.
El factor China y la exigencia de Trump
Uno de los puntos de mayor fricción ha sido la insistencia de la administración Trump en incluir a China en cualquier futuro acuerdo de desarme. Sin embargo, Xi Jinping ha reiterado su negativa a sumarse a estas negociaciones, argumentando que el arsenal chino es significativamente menor hasta diez veces inferior al de Rusia o Estados Unidos.
A pesar de esta negativa, China ha expresado su “pesar” por el fin del tratado y ha instado a Washington a responder positivamente a las iniciativas de contención propuestas por el Kremlin para evitar una nueva carrera armamentística descontrolada.
Estabilidad estratégica y lazos económicos
Más allá de lo militar, la reunión subrayó la solidez del “tándem ruso-chino”. Putin destacó que el intercambio comercial entre ambas naciones superó los 200,000 millones de dólares en 2025, consolidando a Rusia como el principal proveedor de hidrocarburos de China, especialmente tras la reciente suspensión de importaciones de crudo ruso por parte de la India.
Aunque el Kremlin asegura que sigue abierto a buscar vías para garantizar la “estabilidad estratégica”, el fin del START III deja el panorama internacional en una situación de vulnerabilidad, donde la autolimitación voluntaria parece ser la única barrera antes de un potencial rearmamento masivo.




