La población civil en Teherán vive entre el miedo a las explosiones y la falta de productos básicos; la cifra de fallecidos se acerca a los 800 mientras el conflicto se extiende por la región.
Teherán | Miércoles 4 de marzo de 2026.
Irán atraviesa sus horas más críticas tras la devastadora ofensiva militar lanzada por Estados Unidos e Israel, una operación que ya ha cobrado la vida de casi 800 personas según datos de la Media Luna Roja. Los ataques aéreos no solo han destruido bases militares, sino que han golpeado directamente el corazón de las ciudades, dejando el emblemático Gran Bazar de Teherán reducido a escombros y provocando el colapso de servicios esenciales como la electricidad y el internet en gran parte del país.

Para los ciudadanos, la guerra se libra también en los mercados. Tras el inicio de las hostilidades, el precio de alimentos como el arroz y las patatas se ha disparado, obligando al gobierno a prohibir todas las exportaciones agrícolas para intentar frenar el desabastecimiento. “Necesitamos abastecernos porque no sabemos cuánto tiempo durará esto”, comentó Nasrin, una habitante de la capital que, como miles de otros, se apresura a conseguir suministros antes de que las tiendas cierren por la inseguridad o la falta de mercancía.
Vivir entre explosiones y censura
El ambiente en las calles de Teherán es de una tensa calma. Aunque algunos sectores reportan menos bombardeos este miércoles, el sentimiento general es de angustia. Tras la muerte del líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, durante los primeros ataques, se han visto pequeños grupos celebrando en secreto, pero la mayoría de la población permanece encerrada en sus casas por temor a la represión policial o a nuevos misiles. Maryam, una joven residente del norte de la ciudad, relató el horror de las noches recientes: “Los ataques de anoche fueron terribles. Nuestra casa temblaba”.

A pesar del peligro, hay quienes ven en este caos una oportunidad definitiva para el cambio político. La misma Maryam aseguró que no piensa abandonar su hogar: “Si no nos matan, nos quedaremos aquí mientras haya convocatorias de protestas en las calles y saldré con mi familia para unirme. Me alegra mucho que esas autoridades sean el objetivo. Aguantaremos los ataques hasta que se vayan todos”, sentenció. Sin embargo, la comunicación con el mundo exterior es cada vez más difícil debido a los bloqueos de internet, lo que mantiene a muchas familias aisladas y en la incertidumbre total sobre el destino de sus seres queridos.
Un conflicto que incendia la región
La respuesta de Irán no se ha hecho esperar. Las milicias aliadas han lanzado drones y misiles contra objetivos estadounidenses y sus socios en Arabia Saudita, Catar, Emiratos Árabes y Kuwait. Incluso la embajada de Estados Unidos en Riad ha sido blanco de estos ataques de represalia. Lo que comenzó como una operación contra objetivos estratégicos en Irán se ha transformado rápidamente en una guerra regional que amenaza con desestabilizar por completo todo el Medio Oriente, mientras la población civil iraní paga el precio más alto de la violencia.





