WASHINGTON, D.C. | 18 de febrero de 2026. – Lo que durante décadas fue un ritual innegociable para millones de personas en los Estados Unidos, hoy atraviesa una crisis de costos sin precedentes. Según los últimos datos del Índice de Precios al Consumidor, el valor del café ha experimentado un incremento del 18.3 % en el último año, alcanzando un alza acumulada del 47 % en los últimos cinco años, un fenómeno que está alterando drásticamente el comportamiento de los consumidores.
De la cafetería a la cocina: estrategias de ahorro
El impacto económico ha llevado a ciudadanos de diversos estados a tomar medidas drásticas. Testimonios recogidos en ciudades como Washington D.C., Idaho y Minnesota revelan una tendencia clara: el abandono de las visitas diarias a cadenas comerciales como Starbucks y McDonald’s. Consumidores que anteriormente gastaban en bebidas personalizadas de alto costo han optado por preparar café en casa, cambiar a marcas de menor precio como Lavazza o, en casos extremos, eliminar el consumo por completo para proteger su economía personal.
“Lo que antes era un café de 2 dólares, ahora es de 5 o 6 dólares”, señalan los afectados, quienes ahora prefieren llenar vasos térmicos en sus hogares antes de dirigirse a sus puestos de trabajo. Datos de la plataforma de pagos Toast confirman esta realidad, situando el precio medio de un café caliente regular en US$ 3.61, mientras que las versiones de extracción en frío (cold brews) promedian los US$ 5.55, variando significativamente según la ubicación geográfica.
Factores externos e importación
Dado que Estados Unidos importa la casi totalidad del café que consume, el mercado local es altamente vulnerable a las crisis climáticas globales. Los expertos atribuyen la escasez de oferta y el consecuente aumento de precios a las severas sequías en Vietnam, el calor extremo en Brasil y las inundaciones en Indonesia, factores que han limitado la producción de las principales regiones cafetaleras del mundo.
Pese a este escenario, la Asociación Nacional del Café sostiene que el consumo general en el país se mantiene estable, ya que dos tercios de la población lo consideran un elemento esencial de su rutina. No obstante, para el ciudadano promedio que enfrenta aumentos paralelos en rubros como el alquiler y la alimentación, el café ha pasado de ser un hábito automático a una decisión financiera calculada.




