Madrid, Europa. |16 de febrero de 2026 – La práctica del ayuno intermitente, muy popularizada en redes sociales como método para perder peso y mejorar la salud metabólica, no cuenta con respaldo suficiente de la evidencia científica para justificar su entusiasmo, según un metaanálisis publicado este lunes por el Sistema Cochrane.
El estudio incluyó 22 investigaciones realizadas en Norteamérica, Europa, China, Australia y Sudamérica, con casi 1,995 adultos con sobrepeso u obesidad, a quienes se dio seguimiento durante 12 meses. Los investigadores compararon diferentes modalidades de ayuno intermitente como la restricción de alimentación en días alternos, el ayuno periódico y la alimentación limitada por intervalos de tiempo frente a intervenciones tradicionales de asesoramiento dietético y hábitos de vida saludables.

Los resultados revelan que la pérdida de peso observada en los participantes fue moderada y no significativamente superior a la conseguida mediante dietas convencionales. Además, los cambios en otros indicadores de salud, como presión arterial, colesterol y hábitos alimentarios, tampoco mostraron diferencias relevantes.
“El ayuno intermitente podría ser una opción razonable para algunas personas, pero la evidencia actual no justifica el entusiasmo que vemos en las redes sociales hacia esta práctica”, explicó Luis Garegnani, investigador en el Hospital Italiano de Buenos Aires.
Eva Madrid, del Institut de Recerca Sant Pau de Barcelona, destacó que la mayoría de los estudios incluidos reclutaron poblaciones blancas en países de ingresos altos, por lo que los hallazgos podrían no ser aplicables a otros grupos poblacionales con distintos perfiles étnicos, socioeconómicos o de salud. “Con la evidencia actual disponible, es difícil hacer una recomendación general. Cada paciente debe recibir un enfoque individualizado basado en sus necesidades, preferencias y condiciones médicas”, añadió.
Por su parte, Ana Belén Crujeiras, jefa de Epigenómica del Instituto de Investigación en Salud de Santiago de Compostela (IDIS), señaló que, aunque el ayuno intermitente bien estructurado puede inducir cetosis nutricional y generar moléculas con efectos antioxidantes y antiinflamatorios, la obesidad sigue siendo una enfermedad crónica que requiere estrategias personalizadas y supervisión profesional. “A unas personas les funcionan unas estrategias terapéuticas y a otras, otras, dependiendo de su estilo de vida, perfil fisiológico y preferencias”, afirmó.
La revisión también destaca la necesidad de estudios más prolongados y diversificados, dado que la mayoría de los ensayos existentes tienen un seguimiento limitado a un año y se centran en poblaciones específicas. Esto limita la extrapolación de los resultados a la población general y dificulta evaluar el impacto del ayuno intermitente en la prevención de complicaciones asociadas a la obesidad a largo plazo.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que más de 890 millones de personas en países de ingresos altos padecían obesidad en 2022, mientras que otros 2,500 millones presentaban sobrepeso. Este panorama refuerza la importancia de enfoques basados en evidencia científica, educación nutricional y seguimiento médico para abordar de manera efectiva la obesidad y prevenir enfermedades relacionadas.
El metaanálisis concluye que, si bien el ayuno intermitente puede ser una herramienta adicional para algunos individuos, no debe considerarse una solución universal ni sustituir los métodos tradicionales de control de peso y promoción de hábitos saludables. La prevención y tratamiento de la obesidad requiere estrategias personalizadas, consistentes y sostenibles a largo plazo.




