La advertencia surge tras la muerte del comandante Alireza Tangsiri y pone en riesgo hasta el 30 % del tráfico global de datos entre Europa, Asia y el Golfo Pérsico
SANTO DOMINGO, RD | Sábado 28 de marzo de 2026. – El régimen de Irán amenazó en las últimas horas con sabotear los cables submarinos de fibra óptica que atraviesan el Estrecho de Ormuz y el Mar Rojo, una infraestructura crítica que soporta entre el 17 % y el 30 % del tráfico global de internet. La advertencia, emitida al cierre del 26 de marzo, se produce como respuesta directa al asesinato del comandante iraní Alireza Tangsiri, una baja atribuida a fuerzas israelíes en un contexto de máxima tensión regional que también involucra a los Estados Unidos.
Expertos en ciberseguridad y telecomunicaciones han señalado que un ataque de esta naturaleza tendría consecuencias catastróficas para la estabilidad digital del planeta. “Aproximadamente el 17 % del tráfico global de internet fluye a través de los cables submarinos del Mar Rojo, transportando cerca del 90 % de las conexiones entre Europa y Asia. Los cables del Golfo Pérsico, a través del estrecho de Ormuz, gestionan entre el 90 % y 99 % de la conectividad internacional de los estados circundantes”, detalla el informe técnico sobre la vulnerabilidad de estas rutas.
Impacto en la economía y servicios globales
Un eventual corte de estas líneas submarinas no solo afectaría la navegación web convencional, sino que paralizaría servicios financieros internacionales, centros de datos de grandes corporaciones tecnológicas y sistemas de comunicaciones gubernamentales. Aunque existen rutas alternativas, los especialistas advierten que estas generarían una alta latencia y posibles interrupciones prolongadas, afectando desde videollamadas hasta transacciones bancarias en tiempo real a nivel mundial.
La comunidad internacional observa con preocupación este movimiento, ya que el Estrecho de Ormuz y el Mar Rojo son considerados los “cuellos de botella” más importantes para el flujo de información y comercio global. Las autoridades iraníes han vinculado esta posible acción a su estrategia de defensa ante lo que consideran agresiones externas, elevando el riesgo de una crisis de conectividad sin precedentes en la era digital moderna.




