A través de testimonios, familiares recuerdan la alegría e ingenio del niño José Rafael, cuyo crimen marcó un antes y un después en la sociedad dominicana
Con la reciente puesta en libertad de Mario Redondo Llenas, tras cumplir una condena de 30 años, la República Dominicana cierra uno de los capítulos más dolorosos y estremecedores de su historia judicial reciente. El caso del niño José Rafael Llenas Aybar, ocurrido en 1996, no solo conmocionó a la nación por la naturaleza del crimen, sino que dejó una herida abierta en la memoria colectiva que hoy, tres décadas después, busca consuelo en el recuerdo de su alegría.

A través de la cuenta conmemorativa @joserafaelporsiempre, familiares y amigos han compartido un perfil humano que rescata la esencia del niño que hoy tendría 42 años. Descrito como un pequeño inquieto, conversador y con un corazón inmenso, José Rafael es recordado por su energía inagotable en los juegos de recreo, sus maromas en bicicleta y su capacidad para hacer sentir cómodo a cualquiera que se sentara a escucharlo.

“Con él no había momentos de aburrimiento; todo era una aventura. Tenía un ingenio especial para las travesuras y un cariño que todavía hoy nos hace soñar con él y sentir felicidad”, relatan allegados en sus testimonios.
El contraste de los condenados
Mientras el país evoca la infancia truncada de Llenas Aybar, el sistema judicial ha completado su ciclo con los responsables. Juan Manuel Moliné Rodríguez fue el primero en recuperar la libertad en mayo de 2016, tras cumplir una pena de 20 años. Por su parte, Redondo Llenas abandonó recientemente el recinto carcelario luego de tres décadas, periodo en el cual se graduó en Derecho y agronomía, además de formar una familia dentro del sistema penitenciario.
A pesar de los informes psicológicos que en su momento destacaron la elevada capacidad intelectual de los responsables y su plena conciencia de los actos cometidos, el estigma del “crimen del siglo” permanece. La sociedad observa este cierre de ciclo con cautela, recordando que ambos deberán enfrentar ahora el juicio de una opinión pública que no olvida.
Este caso, que en su momento evidenció la necesidad de reformas en el Código Penal, queda sellado en los tribunales, pero permanece vivo como un recordatorio de la vulnerabilidad de la infancia y la búsqueda permanente de una justicia que, aunque llegue en términos de años cumplidos, nunca podrá devolver los sueños de aquel niño que “nunca llegó a ver los motores que le prometieron”.




