Un recorrido por los orígenes de la artista española más influyente de la historia, cuya formación académica y determinación marcaron su ascenso al estrellato.
Barcelona. — Antes de convertirse en el fenómeno global que hoy paraliza estadios, Rosalía Vila Tobella fue una joven estudiante de Sant Esteve Ses Rovires que recorría los mercadillos buscando cintas de Camarón de la Isla. Hoy, convertida en la artista española más famosa de todos los tiempos, su regreso a Barcelona con la gira internacional ‘Lux’ invita a repasar una trayectoria cimentada en la disciplina y la visión propia.

Nacida en 1992, la formación de Rosalía comenzó a los cinco años en escuelas de danza flamenca, impulsada por su madre, Pilar Tobella, a quien los críticos señalan como su primera gran valedora. Sin embargo, su éxito no fue producto del azar; mientras otros confiaban solo en su talento, Rosalía “hincaba los codos”, según relata Luis Cabrera, director del Taller de Músics, donde la artista se formó en jazz y flamenco a los 16 años.
El rodaje en los bares del Raval
Los inicios de la “Motomami” estuvieron lejos de los grandes focos. Sus primeras actuaciones profesionales tuvieron lugar en pequeños locales del barrio del Raval, en Barcelona, donde ella misma tomaba los números de teléfono de los asistentes para avisarles de sus próximos conciertos.
Mimo Agüero, directora del Tablao Carmen, recuerda con nostalgia las primeras entradas de pago que Rosalía ayudó a diseñar: “Estaba muy emocionada, ayudó a poner los precios… entonces era una desconocida”. Fue precisamente en ese escenario donde conectó con El Guincho, quien más tarde produciría el álbum que cambiaría su carrera, El mal querer, cuyo concepto nació originalmente como su trabajo de fin de grado en la Escuela Superior de Música de Cataluña.
Un ascenso imparable
El despegue definitivo ocurrió en 2018. Tras su paso por el festival Sónar y su colaboración con C. Tangana, la crítica internacional puso sus ojos en la propuesta vanguardista de la catalana. Desde entonces, su evolución la llevó a Estados Unidos para consolidarse primero con el concepto de Motomami y, actualmente, con la gloria de su reciente etapa bajo el nombre de Lux.
Para sus biógrafos y quienes la conocieron en sus inicios, el secreto de su estatus actual es sencillo pero potente: “La persona más influyente en el éxito de Rosalía es la propia Rosalía”. Su capacidad para ser su propia productora y máxima responsable de su imagen la ha posicionado como un referente de autonomía y éxito en la industria musical contemporánea.




