La visita de Donald Trump esta semana a Pekín pone fin a casi una década de ausencia de mandatarios estadounidenses en suelo chino, retomando una tradición marcada por el pragmatismo y la rivalidad estratégica
La relación bilateral entre las dos potencias más grandes del mundo vive un momento histórico. Tras casi diez años sin que un presidente estadounidense pisara territorio chino, Donald Trump tiene previsto llegar a Pekín esta semana (del 13 al 15 de mayo), marcando el cierre de lo que analistas han denominado como la “Gran Brecha” diplomática.

Este viaje ocurre en un contexto de máxima fricción por disputas comerciales, competencia tecnológica y tensiones sobre la seguridad de rutas energéticas en Oriente Medio. La visita no solo busca gestionar la rivalidad actual, sino que se inscribe en una cronología de más de 50 años de contactos al más alto nivel.
Hitos de una relación compleja (1972-2026)
Desde el histórico “deshielo” iniciado por Richard Nixon, la presencia de presidentes estadounidenses en China ha sido el termómetro de la estabilidad global:
- Richard Nixon (1972): El pionero. Su reunión con Mao Zedong y la firma del Comunicado de Shanghái sentaron las bases de la política de “una sola China”, principio que sigue siendo el eje de las tensiones actuales.
- Ronald Reagan (1984): A pesar de su firme anticomunismo, priorizó el pragmatismo para cooperar en materia nuclear civil y hacer frente común ante la Unión Soviética.
- Bill Clinton (1998): Logró reactivar los vínculos tras la crisis de Tiananmen de 1989, llevando a la televisión pública china debates sobre derechos humanos y comercio.
- George W. Bush (2001-2008): Con cuatro visitas, fue el mandatario que más viajó al gigante asiático, equilibrando la cooperación antiterrorista tras el 11-S con el ascenso económico de China en la OMC.
- Barack Obama (2009-2016): Sus tres visitas se centraron en la gestión de la competencia estratégica y en hitos como el acuerdo climático de 2014.
El regreso de Trump tras la “Gran Brecha”
Desde la última visita de Estado del propio Trump en noviembre de 2017, la comunicación directa en suelo chino se interrumpió debido a la pandemia de COVID-19 y el deterioro de los lazos políticos. Durante el mandato de Joe Biden, aunque hubo encuentros en terceros países, ningún presidente estadounidense viajó a Pekín.
Este nuevo encuentro entre Donald Trump y Xi Jinping se produce en un escenario donde el protocolo de la “Ciudad Prohibida” de 2017 ha quedado atrás, dando paso a una agenda dominada por la guerra arancelaria, la situación en Taiwán y el papel de China como mediador en conflictos internacionales. El mundo observa con atención si este viaje logrará estabilizar la relación o si profundizará la brecha entre ambas potencias.




