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Internacionales

Escasez de combustible agrava la presión interna sobre Rusia en medio de la guerra con Ucrania

Por: Visión Global
julio 9, 2026

Las largas filas en estaciones, el racionamiento y el deterioro económico reflejan el impacto del conflicto dentro del territorio ruso, aunque analistas dudan que la crisis obligue a Vladimir Putin a cambiar de rumbo

Moscú.– La guerra en Ucrania comienza a sentirse con más fuerza dentro de Rusia, no solo por los ataques a infraestructuras estratégicas, sino también por una creciente escasez de combustible que está alterando la vida cotidiana, elevando la presión sobre la economía y alimentando interrogantes sobre la capacidad del Kremlin para sostener el conflicto sin mayores costos internos.

La crisis, visible ya en ciudades clave como Moscú, se manifiesta en largas filas de vehículos y camiones en estaciones de servicio, cierres temporales de gasolineras por falta de gasolina o diésel, restricciones en la venta de combustible y un creciente malestar entre ciudadanos que, hasta ahora, habían vivido la guerra con cierta distancia respecto a sus efectos directos.

Aunque Rusia es uno de los mayores productores de petróleo del mundo, actualmente enfrenta dificultades para refinar suficiente combustible y garantizar el abastecimiento interno. El problema se ha intensificado por los ataques con drones y misiles ucranianos contra refinerías, depósitos e infraestructuras energéticas dentro del territorio ruso, una estrategia con la que Kyiv busca afectar la logística militar y elevar el costo doméstico de la guerra para Moscú.

Una crisis que ya se siente en las calles

Reportes recogidos por la BBC muestran que la escasez no se limita a una región específica, sino que se ha extendido a distintos puntos del país. En Moscú, incluso en una ciudad privilegiada en acceso a recursos, se observan colas diarias en muchas estaciones de servicio. Donde no hay filas, en algunos casos es porque simplemente no queda combustible.

La situación ha provocado frustración entre los ciudadanos, sobre todo por el tiempo perdido para abastecerse y por el aumento de precios. Algunos conductores expresan temor de emprender viajes largos ante la incertidumbre sobre la disponibilidad de gasolina, mientras en redes sociales circulan videos de discusiones, filas kilométricas y estaciones con venta limitada.

En otras zonas del país el impacto es aún más severo. En la ciudad turística de Anapa, a orillas del mar Negro, las autoridades han desplegado cosacos para mantener el orden en las filas de las gasolineras. En regiones de Siberia se han instalado baños portátiles para los conductores que esperan durante horas. También se han reportado restricciones para el uso de bidones, reducción en rutas de autobuses, dificultades en la recogida de basura y preocupación entre agricultores por el efecto que la escasez podría tener sobre la cosecha de verano.

El combustible, un nuevo frente de desgaste para el Kremlin

La crisis se ha convertido en un nuevo foco de presión para el Gobierno de Vladimir Putin, que durante años ha intentado mantener a la mayor parte de la población al margen de los costos visibles de la guerra. Mientras en Moscú las señales del conflicto seguían siendo relativamente discretas, los ataques a refinerías, los cortes de internet, la presión sobre los precios y ahora la escasez de combustible han comenzado a acercar la guerra a la vida diaria de millones de rusos.

Putin reconoció públicamente la situación en la televisión estatal y admitió que los ataques ucranianos “obviamente están creando problemas”, aunque insistió en que no se trata de una crisis crítica. Sin embargo, el hecho de que el presidente haya abordado el tema en público refleja la preocupación del Kremlin por el efecto político y social que puede tener el desabastecimiento si se prolonga.

Para contener el problema, las autoridades rusas ya han comenzado a tomar medidas de emergencia, entre ellas el aumento de las importaciones de combustible, subsidios a los precios y la autorización para vender combustible de menor calidad, una decisión que algunos expertos consideran riesgosa por el potencial daño a motores y equipos.

Golpe a la economía y caída en la confianza

Más allá del impacto inmediato en la movilidad y los servicios, la crisis de combustible amenaza con agravar el deterioro económico que Rusia viene acumulando por el costo de la guerra, las sanciones y la presión sobre su aparato productivo. Analistas citados por la BBC advierten que la escasez puede convertirse en un factor determinante para el crecimiento económico del país durante la segunda mitad del año.

Christopher Weafer, director de la consultora Macro Advisory, considera que el problema ensombrece seriamente las perspectivas de crecimiento para el resto de 2026, en la medida en que eleva costos logísticos, complica la actividad agrícola e industrial y alimenta la inflación en un entorno ya afectado por el esfuerzo bélico.

Las encuestas también comienzan a reflejar ese desgaste. Según el centro independiente Levada, la aprobación de Putin ha descendido hasta alrededor del 74 %, mientras el porcentaje de rusos que considera que el país va por buen camino cayó del 61 % en mayo al 52 % en las mediciones más recientes. Gallup, por su parte, reportó que los rusos se muestran más pesimistas sobre su economía que en cualquier otro momento de los últimos 20 años, y que un 60 % percibe un deterioro de las condiciones económicas en su lugar de residencia.

Incluso el Centro Ruso de Investigación de la Opinión Pública (VCIOM), de carácter estatal, detectó una caída de 3.4 puntos en la confianza pública hacia Putin en apenas una semana, una señal de que la situación comienza a impactar incluso en indicadores monitoreados por el propio sistema ruso.

¿Puede esta crisis obligar a Putin a cambiar su estrategia?

Pese al deterioro económico y al malestar creciente, especialistas consideran poco probable que la escasez de combustible lleve al presidente ruso a modificar su estrategia militar en Ucrania en el corto plazo. La profesora Nina Khrushcheva, académica de The New School en Nueva York, advirtió que la expectativa occidental de que la presión interna termine forzando un giro político en Moscú es, por ahora, poco realista.

A su juicio, una mayor presión sobre Putin podría incluso traducirse en una respuesta más agresiva o represiva, en lugar de abrir la puerta a concesiones. Además, subraya que una parte importante de la sociedad rusa combina frustración con resignación, una mezcla que ha permitido al Kremlin sostener el conflicto sin enfrentar un rechazo masivo que amenace la estabilidad del régimen.

Ese análisis coincide con las señales recientes enviadas por el propio Putin. Lejos de hablar de repliegue, el mandatario apareció días atrás vestido con uniforme militar en una reunión con comandantes, donde reivindicó avances en el frente y prometió nuevas conquistas territoriales. También ordenó estudiar la participación de aliados europeos de Ucrania en “acciones de combate reales”, una declaración que ha generado inquietud en círculos diplomáticos por la posibilidad de una nueva escalada.

Una guerra que empieza a sentirse dentro de Rusia

La crisis del combustible confirma que el conflicto ya no solo se libra en el frente ucraniano, sino también en la vida cotidiana de los ciudadanos rusos. Las colas en las estaciones, el temor a no poder viajar, el alza de precios y las fallas en servicios básicos muestran un desgaste interno que el Kremlin ya no puede esconder con la misma facilidad que en los primeros años de la guerra.

Aunque por ahora no parece suficiente para forzar un cambio de estrategia en el poder, la escasez sí representa un síntoma claro de que el costo de la guerra está escalando dentro de Rusia. Y en un país donde la estabilidad económica ha sido una de las principales bases de legitimidad del liderazgo de Putin, ese deterioro podría convertirse en un problema político cada vez más difícil de administrar si la crisis se prolonga.

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