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Internacionales

Remoción de escombros se convierte en uno de los mayores retos tras terremotos en Venezuela

Por: Visión Global
julio 9, 2026

La ONU estima que el doble sismo dejó 1.2 millones de toneladas de residuos en La Guaira, mientras autoridades y expertos advierten sobre la urgencia de una gestión técnica para avanzar hacia la reconstrucción

Caracas.– Dos semanas después del doble terremoto que sacudió el norte de Venezuela, la remoción de escombros se ha convertido en uno de los principales desafíos para las autoridades y organismos internacionales que participan en la respuesta a la tragedia, en medio del proceso de recuperación de las zonas devastadas y de los preparativos para una futura reconstrucción.

Según estimaciones de Naciones Unidas, los sismos del pasado 24 de junio dejaron alrededor de 1.2 millones de toneladas de escombros, principalmente en el estado La Guaira, una de las zonas más golpeadas por el colapso de edificios, viviendas e infraestructuras. Del total calculado, unas 900,000 toneladas corresponden a estructuras de concreto y acero derrumbadas, mientras que otras 332,000 toneladas provienen de mobiliario, artículos domésticos y pertenencias personales destruidas por el desastre.

La magnitud del material acumulado ha transformado el despeje de residuos en una tarea prioritaria para abrir paso a las labores de reconstrucción, pero también en un problema técnico, logístico y ambiental de gran escala.

Durante un recorrido realizado por EFE en la carretera que conecta Tanaguarena con Naiguatá, en La Guaira, se observan grandes montículos de restos de edificaciones, cabillas, ropa, documentos, muebles, electrodomésticos y otros objetos personales, acumulados a un lado de la vía y cerca del mar, mientras brigadas y ciudadanos continúan removiendo materiales entre los escombros.

Especialistas venezolanos consultados por EFE advierten que la gestión de estos residuos enfrenta serias limitaciones operativas. El ingeniero José Arreaza explicó que, por ahora, las autoridades han optado por depositar parte de los escombros cerca de las zonas afectadas debido a la falta de equipos suficientes y a la dificultad de trasladar grandes volúmenes de material hacia Caracas u otras áreas de disposición final.

Según indicó, los tiempos de viaje, el costo del transporte y la escasez de maquinaria pesada dificultan una operación más eficiente, lo que obliga a tomar decisiones de contingencia en medio de la emergencia.

Por su parte, el ingeniero Roberto Porciello recordó que una situación similar se produjo tras el deslave de 1999 en La Guaira, cuando los residuos también fueron acumulados de forma provisional ante la magnitud del desastre y la falta de capacidad inmediata para procesarlos de forma integral.

Frente a esta realidad, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ha planteado la necesidad de aplicar un manejo integral de los escombros, que no se limite al simple retiro del material, sino que incluya clasificación, reciclaje, reutilización y disposición final adecuada.

El objetivo, según expertos y organismos internacionales, es evitar que la remoción improvisada agrave otros riesgos, como la contaminación de suelos y aguas, el deterioro del entorno costero o la exposición de la población a residuos peligrosos.

En ese contexto, la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, sostuvo recientemente una reunión con autoridades nacionales e internacionales para coordinar un plan de remoción de escombros. Entre los participantes estuvo Elad Edri, alto oficial de las Fuerzas de Defensa de Israel, quien colabora como asesor técnico en el manejo de este tipo de materiales tras desastres. Sin embargo, hasta ahora no se han detallado públicamente los lineamientos específicos del plan.

Expertos en sostenibilidad consideran que una parte importante de los residuos generados por el terremoto podría reutilizarse como apoyo para la reconstrucción, siempre que se procese de forma adecuada.

El director de Sostenibilidad de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), Joaquín Benítez, explicó que alrededor del 60 % de los escombros podrían reciclarse, especialmente aquellos vinculados a materiales de mampostería, concreto y algunos metales, lo que representaría un recurso importante para las obras futuras y reduciría la presión sobre los sitios de disposición final.

No obstante, advirtió que el proceso debe hacerse con criterios técnicos rigurosos. A su juicio, antes de comenzar a remover los residuos es necesario estudiar la historia y características de cada edificio colapsado, ya que no todos generan el mismo tipo de escombros ni presentan los mismos riesgos.

Benítez explicó que en los edificios residenciales pueden encontrarse vehículos sepultados, tanques con combustibles, aceites y otros materiales contaminantes, mientras que en estructuras comerciales podrían aparecer químicos, aparatos electrónicos y residuos especiales que requieren un tratamiento diferenciado.

Por ello, insistió en que los escombros deben trasladarse a zonas de almacenamiento temporal alejadas del mar, de ríos o cursos de agua, y preferiblemente ubicadas en suelos impermeables que no impliquen nuevos daños ambientales ni procesos de deforestación.

Aunque la reutilización de parte del material puede representar una alternativa valiosa, los especialistas advierten que no todos los escombros deben reincorporarse a la construcción de nuevas edificaciones.

El ingeniero Porciello señaló que, si bien es posible reciclar ciertos residuos, no resulta recomendable utilizarlos en componentes estructurales, ya que son materiales que estuvieron sometidos a daños severos y pueden haber perdido resistencia. En su opinión, cualquier reaprovechamiento debe limitarse a usos no estructurales o complementarios, siempre bajo supervisión técnica.

El Ministerio de Ecosocialismo de Venezuela informó recientemente que movilizó una máquina trituradora para procesar parte de los escombros y convertirlos en agregados para la construcción. Sin embargo, hasta el momento no se ha precisado dónde está operando ese equipo ni qué volumen de material ha podido procesar.

La experiencia internacional demuestra que la gestión de escombros tras un desastre de esta magnitud puede prolongarse durante meses o incluso años. En Turquía, por ejemplo, un año después del terremoto de febrero de 2023 que dejó más de 53,000 muertos, todavía persistían grandes acumulaciones de residuos en las zonas afectadas, pese a los reportes oficiales sobre avances en su recolección.

En el caso venezolano, el desafío no se limita a despejar calles o habilitar accesos. La remoción de escombros es un paso esencial para recuperar servicios, evaluar estructuras, reducir riesgos sanitarios y ambientales, y preparar el terreno para el proceso de reconstrucción de viviendas, comercios e infraestructuras públicas.

Mientras tanto, en La Guaira y otras zonas impactadas, la imagen de montañas de concreto, acero, madera, ropa y recuerdos personales sigue siendo uno de los rostros más visibles de la tragedia. Y también una señal de que, tras la fase inicial de rescate y asistencia, Venezuela entra ahora en una etapa mucho más compleja: la de reconstruir sobre los restos del desastre.

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