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Objetos que “hablan” con IA ganan más credibilidad que los expertos y disparan la desinformación

Por: Visión Global
febrero 3, 2026

Santo Domingo, 3 de febrero de 2026. Las redes sociales se han llenado de una nueva figura “influyente”: objetos cotidianos que hablan y gesticulan gracias a la inteligencia artificial, y que logran persuadir a millones de usuarios sobre temas tan sensibles como salud, finanzas o estilo de vida, casi siempre sin mostrar evidencias que respalden lo que dicen.

En plataformas como TikTok e Instagram se ha vuelto habitual encontrar frutas que recomiendan dietas, tazas que dan “lecciones” de economía doméstica, envases que alertan sobre supuestos peligros en alimentos y hasta piezas de vehículos que ofrecen “diagnósticos” mecánicos. Todo presentado con una seguridad que, para muchos espectadores, resulta suficiente para creer el mensaje.

Este recurso, conocido popularmente como “talking objects” o “objetos parlantes”, se apoya en aplicaciones de inteligencia artificial generativa capaces de transformar una simple fotografía en un personaje animado, con rostro, expresiones y voz. A diferencia de los dibujos animados clásicos, estos personajes salen de entornos reales: la cocina, la mesa del comedor, el supermercado o el interior del vehículo, lo que refuerza la sensación de cercanía.

Lo que comenzó como una curiosidad lúdica se ha convertido en un canal de difusión de contenidos que compite directamente con las fuentes tradicionales de información. En numerosos casos, usuarios conceden más confianza a lo que “explica” un objeto animado que a la opinión de un médico, un docente o un especialista reconocido, siempre que el mensaje sea breve, contundente y emocional.

Consejos de salud sin pruebas

Una de las áreas donde más se observa este fenómeno es la salud. Circulan videos en los que frutas y alimentos “prometen” efectos casi milagrosos: productos que supuestamente “limpian” órganos, “eliminan” enfermedades o sustituyen tratamientos médicos formales.

En muchos de estos contenidos se recomienda abandonar o minimizar terapias prescritas por profesionales para sustituirlas por infusiones, ayunos extremos o combinaciones caseras, presentadas como alternativas “naturales” para tratar hipertensión, diabetes, trastornos emocionales u otros padecimientos crónicos.

El problema, advierten especialistas consultados por Vision Global, no es solo la falta de rigor, sino la forma en que se presentan estos mensajes: no como opiniones sujetas a debate, sino como “verdades ocultas que nadie quiere contar”. Esa retórica alimenta la sospecha hacia la medicina basada en evidencia y erosiona la confianza en instituciones sanitarias y científicas.

Una neutralidad engañosa

Parte del atractivo de estos videos radica en que el emisor no parece tener intereses: una taza o una fruta no se perciben como actores con agenda propia. Esa apariencia de neutralidad desactiva el sentido crítico de buena parte de la audiencia, que baja la guardia frente a afirmaciones que no mencionan fuentes, no citan estudios y no ofrecen datos verificables.

Además, el propio guion que pronuncian estos personajes suele ser generado por IA, a partir de instrucciones simples diseñadas para provocar impacto y maximizar la difusión. El resultado son mensajes breves, emotivos y fácilmente compartibles, que se ajustan a la lógica de las plataformas digitales, donde lo que más circula no necesariamente es lo más confiable, sino lo más atractivo.

Cambio en el criterio de credibilidad

Durante mucho tiempo, la credibilidad se asociaba al conocimiento y a la trayectoria del emisor. En el entorno digital actual, esa lógica se ha invertido en muchos casos: se cree un mensaje no porque esté sólidamente fundamentado, sino porque “me lo explicó algo o alguien que me resultó simpático”.

Este desplazamiento impacta áreas clave como el periodismo, la educación y la política, así como espacios de reflexión personal y religiosa, donde el análisis pausado y el contraste de información ceden ante contenidos diseñados para generar reacción inmediata.

Tecnología al alcance de cualquiera

Las herramientas para crear estos objetos parlantes están disponibles en aplicaciones que combinan animación, reconocimiento de imágenes y síntesis de voz. A partir de una fotografía tomada con un teléfono móvil, el sistema detecta contornos y superficies para simular ojos, boca y gestos. Luego integra una voz artificial, generada a partir de texto o audio, que se ajusta al movimiento del objeto.

El proceso puede completarse en pocos minutos y no requiere formación técnica avanzada. Algunas plataformas permiten elegir acentos, matices emocionales y velocidad del discurso, lo que aumenta la capacidad de persuasión del contenido.

Frente a este escenario, expertos en alfabetización mediática insisten en la necesidad de que los usuarios desarrollen hábitos de verificación: identificar quién está detrás del mensaje, exigir fuentes comprobables y desconfiar de los contenidos que prometen soluciones simples a problemas complejos, aunque los diga o precisamente porque los dice un objeto animado por inteligencia artificial.

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