Teherán se suma a la propuesta de cuatro puntos de Xi Jinping para garantizar seguridad duradera en la región; el anuncio coincide con el rechazo iraní a la mediación estadounidense
El Gobierno de Irán anunció formalmente este lunes su respaldo al plan de cuatro puntos propuesto por el mandatario chino, Xi Jinping, orientado a establecer una seguridad duradera y un desarrollo compartido en la región del Golfo Pérsico.

El embajador iraní en Pekín, Abdolreza Rahmani Fazli, confirmó la disposición de la República Islámica para apoyar esta iniciativa, la cual ya había sido discutida en la reunión de cancilleres celebrada el pasado miércoles en la capital china. Durante dicho encuentro, el Gobierno chino calificó como “ilegítima” la guerra iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán, urgiendo a un alto el fuego necesario para la estabilidad global.
Ejes del plan de cuatro puntos
La propuesta de Xi Jinping, presentada originalmente a mediados de abril durante una reunión con el príncipe heredero de Abu Dabi, Jaled bin Mohamed bin Zayed Al Nahyan, se fundamenta en los siguientes pilares:
- Coexistencia pacífica: Respeto mutuo para evitar conflictos regionales.
- Soberanía nacional: Cumplimiento estricto del derecho internacional.
- Seguridad y desarrollo: Coordinación entre ambas áreas para generar un entorno próspero.
- Cooperación regional: Fomentar un clima favorable para todos los países del Golfo.
Contexto diplomático tenso
El anuncio de Teherán se produce tras el envío de un mensaje a Washington, a través de la mediación de Islamabad, en el que Irán rechazó la última propuesta de paz estadounidense por considerarla “unilateral e irracional”.
Por su parte, Pekín ha mantenido una postura de condena a los ataques contra territorio iraní, al tiempo que refuerza sus lazos estratégicos, comerciales y energéticos con las naciones del Golfo. China insiste en que el respeto a la soberanía de los Estados es la única vía para evitar mayores represalias y garantizar el flujo seguro por las rutas comerciales de la zona.
Esta convergencia entre Pekín y Teherán refuerza el rol de China como mediador clave en Oriente Medio, en momentos donde la seguridad en el Estrecho de Ormuz continúa siendo una preocupación crítica para la economía global.




